Que en paz descanses, tortuga

En la clase de piano con mis alumnitos, siempre resalto la importancia de tocar lento cuando leemos a primera vista y a dos manos. Incluso con los más chiquitos, usamos la figura -a veces recortada en cartulina, a veces dibujada, a veces un muñequito- de una tortuguita para recordarnos ir despacito.

Sua, de 9 años, me dijo:

“Quedate tranquila, seño. Voy a tocar lento como… una tortuga muerta” 

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