35, espero estar a tu altura.

De unos años atrás hasta hoy, mi vida cambió (y sigue cambiando) radicalmente.

Ahora que me sacudo las confusas sombras que quedaron bien lejos, y ahora que me visten literalmente los ¡brillantes! colores con los que miro al mundo (y créanme que ya no puedo verlo de otra manera), no puedo más que agradecer -y sobre todo, rendirme- a la voluntad de la Energía Creadora que nos une a todos, y que siempre nos regala algún desafío nuevo para continuar evolucionando.

Creo que fue en 2013 cuando me propuse aprender algo nuevo cada año.

Descubro sonriendo que ningún aprendizaje culmina realmente, que cada una de las lecciones que nos trae la vida es constante, gradual, en capas, siempre más profunda.

Desde las cosas más chiquitas, hasta las más trascendentales. Desde coser y andar en bicicleta hasta convivir, amar, delegar, perdonar, dejar ir, tener fe.

Aprendí a hacer cosas para las que me creía incapaz (o quizás me sometí a mis propios juicios y empecé a desarmarlos), y me redescubro a mí misma en el ejercicio de la auto-observación, el desapego y el amor propio.

Pero algo descubro también. Uno no siempre elige los aprendizajes. Son los aprendizajes los que lo eligen a uno.

Hoy a mis 35 recién estrenados años me tocan lecciones más intensas, más definitivas, de ésas inmensas y hermosas de las cuales no hay punto de retorno.

De esas que nos hacen responsables y (espero) maduros ante ¿nosotros mismos; o nuestras decisiones?, y nos hacen confiar todavía más en el Amor ciego, unidireccional, y eterno.

Tengo ganas de creer en el Destino, en los vínculos pre-vida, en las lecciones que nos regala el Mundo para crecer. Tengo ganas de creer, y con esas ganas me basta, porque no quiero vivir sin creer y sin Fe, no quiero vivir sin colores, sin luz, sin amor, sin ser.

Y como tengo ganas de creer, casi por añadidura también tengo ganas de agradecer. Mi amor, mis padres, mi familia, mis sobrinos, mis amigos, mis alumnos: gracias por estar y tener paciencia, también por enseñarme y acompañarme en este tramo hasta aquí (tengo esta inmensa fortuna de conservar amigos de larga data, y también la inmensa fortuna de tener ganas de hacer amigos nuevos), y de emprender este tremendo y lindo desafío a partir de acá, de estos 35 años en los que me toca esta nueva vida.

Pasé este cumple con las personas que más amo, porque mis amigos y el resto de mi familia estuvieron cerquísima aunque no físicamente.

Este año solar que arranca le rindo culto a la vida, quiero tener más fe sin necesidad de pruebas (pero pido a Dios que las traiga, y traiga salud a mi entorno, y fuerza).
Martín me trajo a las sierras para que juntos hagamos más fuerte a la fuerza y la veamos crecer. Que el silencio nos ayude a enfocar los deseos en el Amor más allá de todo lo que podríamos haber imaginado o deseado.

Hola, 35. Espero estar a tu altura.

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