“Té de amor”

Desde hace muchos años en mis clases de piano es moneda corriente el famoso “té de amor”, un té con el ingrediente secreto del mucho cariño musichiquil, que, según cuentan lxs mismxs alumnitxs, es “más rico” que el de cualquier casa (¡alguna vez algún chiquito se ha llevado saquitos de té de la clase, para replicar esa “magia”!).

Siempre nos acompaña, especialmente cuando trabajamos mucho, o cuando hace frío, o cuando hay un poquito de sueño, o simplemente por mimos, al estilo británico, té porque sí, para acompañarnos, para disfrutar de algo rico en compañía de la música y querernos.

Lucy, de 6, disfruta de estos particulares tecitos desde sus 4 años, y ya sabía del “té de amor” por su hermano Nahuel, que también asistía a clases.

Hace unos días, al salir de clase y encontrarse con la alumna siguiente, me quiso preguntar al oído: “seño ¿a las otras nenas también les hacés tecito?”

me encanta que lxs chicxs se sientan tan contenidxs, amadxs y tan únicxs para su maestra, tan únicxs en piano. Inventar ocasiones para que se sientan así de especiales.

Asco

Hace muchos años (¿2006?) con los “Musichicos” de entonces visitamos la cátedra de Clave del Conservatorio Nacional (hoy UNA).

Los niños -además de tener la experiencia de tocar y apreciar maravillados el hermoso sonido- recibieron una breve explicación del mecanismo del clavecín…

Seño: “En lugar de martillitos, como en el caso del piano, el clave tiene UÑAS que PUNTEAN las cuerdas”.

Sharon exclamó sorprendida: “¿UÑAS? ¡¡¡¡QUÉ ASCO!!!!” 

Tijeras con chocolate II (o Gnomos con naranjas).

Tengo la tarea de observar una clase de música en sala de 4. La docente, al iniciar la clase, les cuenta a los niños que “si se portan bien” al finalizar las actividades podrán ver algunos “videítos musicales”.

Esta propuesta resulta un disparador de comentarios inusuales, algunos lógicos, otros sorprendentes.

– “Una vez yo fui al cine”

– “Mamá me contó que vamos a ir a ver la película de Angry Birds”

– “Yo también”

– “Un día yo fui a la pileta del nono”

“A los gnomos le gustan las naranjas”

(creo que el comentario de este niño, aparentemente tan surrealista, fue provocado por la confusión de la palabra “nono” con “gnomo”).

Binoculares para el dolor

Hace unos días, y ya saliendo de la clase, conversaba con S. (6), que me preguntó muy curiosa si un doctor iba a sacar a mi bebito de la panza.

Cuando le conté que sí, se mostró preocupada “¿Y te va a cortar?” me preguntó. Y yo, afirmando y para despreocuparla, le dije que no se asustara: que el doctor me iba a dar “algo” para que ni el bebé ni yo sintiéramos dolor.

“Ah”, dijo segurísima: “te van a poner unos biculares”. 

Lágrimas de emoción o tristedad

“Los adultos no lloran” me dijo O., de 5 años. Y nosotros le contestamos que sí… que lloran: lloran de emoción, de felicidad, a veces porque están tristes. Le contamos que nosotros también lloramos, por diferentes razones. Muchas veces de alegría.

“Pero yo nunca vi ningún adulto llorando”. Y luego hizo una pausa, evidentemente se quedó pensando:
“Un día mi mamá lloró de tristedad… 
Y otro día lloró porque toqué lindo el piano”. 

Cuando sea grande… (artistas plásticos, dinero y subtes)

Ayer en clase Lucy (5) me contó “Cuando sea grande, la gente va a hacer una fila larga y me va a dar plata, y yo les voy a copiar la cara. Y después va a pasar otro, y así.

Y voy a ser rica”.

“Y también quiero ser manejadora de subte”. 

P.S.: Lucy (5) estuvo hace poco en uno de los Talleres que la prestigiosa Galería Zurbarán organizó para niños a cargo de mi querido amigo el artista plástico Ricardo Celma.